Feliz Año 2008
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Programas de Población del Distrito Federal
2001 - 2006


c. Crecimiento natural de la población

Se entiende por crecimiento natural de la población la diferencia que se establece entre los nacimientos y las defunciones en un período dado. Este tipo de crecimiento ha sido el responsable del incremento poblacional en el DF, aún en el periodo de intensos flujos migratorios hacia la ciudad.
A partir de la segunda mitad de los años setenta, la natalidad en el país presenta una tendencia decreciente, fenómeno que se explica en parte por las acciones implementadas a través de los programas de planificación familiar, de educación en población y por la situación económica nacional. La natalidad está en estrecha relación con la disminución de la tasa global de fecundidad, la cual indica el promedio de hijos por mujer al término de su vida fértil. Dicha tasa mostró variaciones significativas entre 1970 al 2000; así observamos que a nivel nacional disminuyó el número promedio de hijos por mujer, al pasar de 6.8 a 2.4. El DF, por su alto grado de desarrollo social y económico, ha sido la vanguardia en este proceso; de un promedio de 5.0 hijos por mujer en 1970, disminuyó a 1.8 para el 2000. Este comportamiento significó una fuerte disminución en el número de nacimientos; mientras que en 1970 en el país se registraron 43 nacimientos por cada mil habitantes, en 2000 esta cifra descendió a 21.7. Para el DF, en 1970 esta cifra significó 41.7 y 17.2 para 2000. El comportamiento aludido está en estrecha relación con el incremento del número de usuarias de métodos anticonceptivos, ya que si bien en el ámbito nacional en 1982 el 47.7 por ciento de las mujeres unidas ya habían practicado la anticoncepción, este porcentaje se incrementó a 70.8 por ciento en el 2000. Para el caso del DF, en este último año la situación fue más significativa, puesto que la prevalencia en el uso de métodos anticonceptivos era de 78.8 por ciento.

La capital es un territorio de enorme heterogeneidad y variedad de problemas. La materia demográfica no es la excepción. Así, detrás de los indicadores demográficos señalados persisten marcadas desigualdades; dicho esto, cobra entonces un sentido crítico y prioritario el que nos propongamos redoblar esfuerzos de atención en los sectores de la sociedad mayoritarios menos favorecidos, donde persisten aún la marginación y la pobreza. Si bien es cierto que en el DF el 78.8 por ciento de las parejas en edad reproductiva utiliza un método de planificación familiar, entre los sectores de escasos recursos la prevalencia en el uso de anticonceptivos es inferior a 50 por ciento, nivel muy semejante al que tienen los estados con menos desarrollo del país.

El comportamiento decreciente de la natalidad entre 1950 y 1995 se observó en las 16 delegaciones; en efecto, en la década de los cincuenta el rango de las tasas brutas de natalidad estaba comprendido entre 39.9 nacimientos por cada mil habitantes en la delegación Benito Juárez a 52.8 en Cuajimalpa de Morelos. En la siguiente década este rango disminuyó de 35.8 en Cuauhtémoc a 49.2 en Cuajimalpa de Morelos.

Debido a las crisis económicas y a la existencia de una política de población orientada a la planificación familiar y a la información difundida para el cambio de actitud de las familias en cuanto a la procreación, se producen cambios impresionantes en las tasas de natalidad entre 1970, 1980 y 1995. En el primero, el rango fluctúa de 31.1 en Cuauhtémoc a 42.9 en Cuajimalpa de Morelos. En 1995 los valores eran de 18.9 en Álvaro Obregón y 28.8 en Cuajimalpa de Morelos. Este comportamiento de bajas tasas de natalidad se manifiesta también en los municipios conurbados del Estado de México, aunque los valores fueron superiores. En 1970 el rango fue de 35.0 para Nezahualcóyotl y 44.6 para Huixquilucan; en 1995 de 16.7 en Tultitlán a 37.7 en San Martín de la Pirámides.

La baja de la tasa bruta de natalidad en las delegaciones fue de manera diferencial. Las demarcaciones que redujeron considerablemente las tasas fueron Azcapotzalco, Álvaro Obregón, Benito Juárez, Coyoacán, Cuajimalpa de Morelos, Gustavo A. Madero, Magdalena Contreras, Milpa Alta, Tláhuac, Tlalpan y Venustiano Carranza, entre un 31 por ciento (Tláhuac) y un 50.3 (Iztapalapa) de 1970 a 1995. Por otro lado, las delegaciones donde decreció en menor medida fueron Cuauhtémoc, Iztacalco, Miguel Hidalgo y Xochimilco, cuyos descensos oscilaron entre un 10.0 por ciento (Cuauhtémoc) y un –26.0 por ciento (Álvaro Obregón).

Las cifras anteriores nos demuestran que el comportamiento de la tasa bruta de natalidad es heterogéneo al interior del territorio de esta ciudad, por lo tanto, se deben instrumentar diferentes políticas de población en cada una de ellas de acuerdo a sus características, por ejemplo, no en todas los programas de planificación familiar son necesarios.

Por lo que respecta al comportamiento de la tasa bruta de mortalidad, al igual que la natalidad, presenta grandes avances en la forma de morir y en el retraso a edades más adultas. En los últimos cincuenta años en el DF se observan cambios importantes en las tasas brutas de mortalidad, pasó de 12.6 decesos por cada mil habitantes en 1950 a 5.5 en 1995. En la ZMVM los valores menores corresponden a las delegaciones del DF y los mayores a los municipios conurbados.

El análisis comparativo entre delegaciones de las tasas brutas de mortalidad presenta sesgos debido a la diferencia en la estructura de edades, por lo cual las delegaciones con estructura de edades envejecidas presenta altas tasas. Tal es el caso de las delegaciones centrales.

Para evidenciar las diferencias intraurbanas, se toman algunos aspectos de la mortalidad infantil, el interés es mostrar si existe una referencia entre el grado de consolidación urbana y la mortalidad infantil. El grado de consolidación se mide por la existencia de servicios públicos e infraestructura de salud.
Entre 1990 y 1995 los valores de las tasas de mortalidad infantil en el DF fueron de 24.2 y 20.8 por mil nacidos vivos.

Por delegaciones este índice presenta un comportamiento diferencial. En 1990 las delegaciones con los valores más bajos fueron: Benito Juárez y Cuauhtémoc (13 y 14 muertes de menores de un año por mil nacidos vivos) y el más alto lo tenía Milpa Alta con 42.8, este valor es 3.3 veces mayor que Benito Juárez.
Los valores de las tasas de mortalidad guardan una estrecha relación con el grado de consolidación urbana, a excepción de Miguel Hidalgo. En 1995 los mayores descensos ocurrieron en delegaciones periféricas, mientras que delegaciones como Benito Juárez y Venustiano Carranza tuvieron los menores valores.

La mortalidad del grupo de edad de 65 y más años, entre 1990 y 1995 aumenta de 53.2 a 54.1 en el DF, al interior de las delegaciones se mantiene este comportamiento, con rangos que van en 1990 de 44.1 en Tláhuac a 59.0 en Cuauhtémoc y en 1995 de 47.9 en Coyoacán a 59.5 en Cuauhtémoc. El incremento de la mortalidad en la población adulta, la podemos explicar por el deterioro de las condiciones de salud de esta población y de manera general por la pérdida en las condiciones de vida de amplios sectores. En este sentido la política social del GDF ha incorporado el análisis demográfico para atender las necesidades de este estrato de la población y ha propuesto un programa de Apoyo Integral a los Adultos Mayores de 70 años.

En cuanto a las enfermedades que causaron los decesos en la entidad, en 1999, destacan: enfermedades del corazón (18.9 por ciento), diabetes mellitus -llamado el cáncer silencioso- (13.5 por ciento), tumores malignos (13.4 por ciento) y enfermedades cerebrovasculares (6.1 por ciento). En conjunto estas enfermedades suman más del 50 por ciento de las causas de muerte. Por otra parte, las principales causas de mortalidad infantil, en el mismo año, son: afecciones originadas en el período perinatal (49.9 por ciento), malformaciones congénitas (21.7 por ciento), neumonía e influenza (7.1 por ciento) y accidentes (3.1 por ciento), las cuales en conjunto suman el 82 por ciento de las causas de muerte infantil.

En síntesis, podemos decir que la disminución de la natalidad y la mortalidad, ha incidido en la disminución de la tasa de crecimiento natural, cuyo peso pasó de 3.2 entre 1960-1970 a 2.0 por ciento en 1990-1995. Sin embargo como ya se evidenció, sigue siendo el principal factor del incremento de la población en el DF. (ver cuadro núm. B 1.3)

d. Crecimiento social de la población

Históricamente el DF respecto a las demás entidades federativas se ha caracterizado por concentrar un mayor porcentaje de población no nativa y ser un lugar de atracción de la población que buscaba empleo. En 1980, el 28.7 por ciento de la población residente en la capital era originaria de otro estado de la República, porcentaje que disminuyó a 24.2 por ciento en 1990 y en el 2000 prevalece la tendencia a la baja con 21.2. Los estados que más han expulsado población hacia el DF en los últimos veinte años fueron México y Puebla, siguiendo en importancia Oaxaca, Veracruz, Michoacán e Hidalgo.
De manera conjunta, para el 2000, los 6 estados proporcionaron el 65.3 por ciento de la población total no nacida en el DF. (ver cuadro núm. B 1.4)

La disminución de la población no nativa del DF con respecto al total, de 2'533,256 habitantes que en 1980 no eran oriundos de esta entidad, la cifra decreció a 1'827,644 para el 2000 (ver cuadro núm. B 1.5), muestra un cambio en la historia migratoria de la capital, caracterizándola por transitar de una entidad de atracción de migrantes a una expulsora de población.

La migración al DF tuvo su punto máximo en 1970 cuando el flujo migratorio alcanzó el 38.2 por ciento del total de los movimientos interestatales del país. A partir de entonces su peso relativo ha ido decreciendo. Este aspecto se reafirma con los datos del Censo de 1990, de las 3'477,237 personas que entre 1985 y 1990 cambiaron de lugar de residencia en todo el país, el 29.8 por ciento correspondía al DF, ubicándose como la entidad que experimentó una mayor emigración. Sin embargo, la emigración desde la capital, en el periodo de 1995-2000, decrece relativamente su peso con respecto al total, de 3'584,957 habitantes que cambiaron de residencia en el país, el 21.8 por ciento eran de esta ciudad, los valores anteriores muestran que la población continúa saliendo, pero en menor volumen. (ver cuadro núm. B 1.6)

Las migraciones intraurbanas
De los 780,312 emigrantes del DF en los últimos cinco años, el 57.5 por ciento su lugar de destino fue el Estado de México, principalmente en los municipios conurbados, ya que éstos absorbieron más del 90 por ciento del total de emigrantes. Este mismo fenómeno entre 1975 y 1980 registró un flujo de 235,115 emigrantes de la capital a esos municipios, cifra que se incrementó a 509,584 en el segundo quinquenio de la década siguiente (ver cuadro núm. B 1.7). En el primer período destacaron los municipios de Netzahualcóyotl, Tlalnepantla, Naucalpan, Atizapán de Zaragoza y Cuautitlán Izcalli como los municipios conurbados con mayor capacidad de recepción de la población expulsada por el DF, para 1985-1990, se incorporan otros municipios que también desempeñaron esta función, como son: Coacalco, Chalco, Ecatepec y Tultitlán. Los movimientos intrametropolitanos son las causa de la expansión física de la ciudad. Las migraciones intraurbanas, centro periferia (suburbanización) toma creciente importancia porque muestran procesos de refuncionalización y reestructuración de la metrópoli, los cuales deben ser atendido con una visión integral.

El proceso migratorio del DF se complementa cuando analizamos las inmigraciones de población residente en otras entidades federativas, estas aumentaron de 300,718 personas entre 1985 y 1990, a 377,816 entre 1995 y 2000, esto significa un aumento porcentual en la inmigración con destino hacia el DF del 25.6 por ciento. En números absolutos, significa que 77,098 inmigrantes eligieron como lugar de destino la capital. En ambos períodos, fueron dos delegaciones periféricas y una céntrica las que concentraron la mayoría de inmigrantes: Gustavo A. Madero 14.3 y 14.1 por ciento; Iztapalapa 17.9 y 19.9 por ciento y Cuauhtémoc 8.6 y 7.4 por ciento, para ambos periodos respectivamente. En conjunto, estas delegaciones atrajeron entre 1985 y 1990 el 40.8 por ciento de los inmigrantes al DF, cifra que se mantuvo casi igual para 1995-2000 con el 41.4 por ciento.

De lo anterior se desprende que en estos períodos las delegaciones Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Cuauhtémoc fueron las principales receptoras de los inmigrantes a la entidad, aunque las delegaciones Gustavo A. Madero y Cuauhtémoc, al igual que Álvaro Obregón, Coyoacán, Iztacalco, Benito Juárez, Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo, Tlalpan y Venustiano Carranza, empezaron a caracterizarse por concentrar menores porcentajes de inmigrantes entre un período y otro, y sin embargo Iztapalapa, Azcapotzalco, Cuajimalpa de Morelos, Milpa Alta, Tláhuac y Xochimilco, aumentaron su importancia porcentual como receptores de inmigrantes en el lapso considerado. (ver cuadro núm. B 1.8)

El Estado de México es la entidad que más inmigrantes aporta al DF, 173,865 habitantes de 1995-2000. Las delegaciones de Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc, Azcapotzalco, Álvaro Obregón y Venustiano Carranza, son las que sobresalen debido a que una mayor proporción de sus inmigrantes provienen de esa entidad. El saldo neto migratorio da una idea más clara del comportamiento migratorio que se está experimentando en el DF, ya que es el resultado de la diferencia de inmigración menos emigración. Esta diferencia nos señala que mientras emigraron entre 1985 y 1990 1'035,758 habitantes, sólo ingresaron a la capital 299,285 habitantes de otras entidades federativas, lo que significa; en números absolutos, que el DF perdió aproximadamente 736,473 habitantes en este período. Mientras en el último lustro prevalece el saldo neto migratorio negativo, es decir, entre 1995-2000 salieron 780,312 habitantes e ingresaron 376,494 habitantes, con una pérdida de 403,818 personas. Como se observa, el saldo negativo en el DF es de menor magnitud en los años noventa que en los ochenta, lo cual nos proporciona evidencias que es menor el rechazo hacia la ciudad en los últimos años.

Después de revisar cuantitativamente los flujos migratorios, es importante estudiar qué características cualitativas tiene la población qué entra y sale del DF. Algunos estudios (Negrete, 2000) señalan que “en el flujo de migrantes hacia la capital sigue predominando la población rural con poca escolaridad”, la cual se emplea en ocupaciones de baja calificación y salario, como los servicios domésticos. En contraste, la población que abandona la capital, tiene en general mayores niveles educacionales que la población en los lugares de origen. Esto origina que encuentren mejores ocupaciones y perciban mayores ingreso que el promedio de los asalariados en los lugares de destino.

2. Estructura de la población
a. Composición por sexo

La composición por sexo es casi similar entre hombres y mujeres, hecho demográfico que contrasta con la situación socioeconómica de la mujer, quien a pesar de tener los mismos derechos constitucionales con respecto al hombre, aún se enfrenta a una serie de obstáculos que limitan su plena integración a la vida económica, política, social y cultural.

En el DF, del total de habitantes registrados en el Censo General de Población y Vivienda 2000, el 47.8 por ciento correspondía a la población masculina y el 52.2 por ciento a la femenina. El índice de masculinidad se define como la relación de hombres y mujeres en una población dada y se expresa como el número de hombres por cada 100 mujeres. Para el 2000 en la entidad existían 91 hombres por cada 100 mujeres. En las delegaciones la menor proporción la tiene Benito Juárez y la mayor Milpa Alta con 80 y 98 hombres por cada 100 mujeres, respectivamente. (ver cuadro núm. B 2.1)

b. Estructura de edades

La importancia de conocer la estructura por edades de una población radica en su utilidad para la planeación de políticas de desarrollo. En nuestro país, la evolución de la estructura por edades representa un desafío, en especial para el mercado de trabajo y la seguridad social, dado que el aumento de la población en edad de laborar implicará un aumento en la demanda de empleos. Por su parte, la población anciana (65 años y más), la cual también ha crecido en el país, obliga necesariamente a emprender acciones para ampliar la cobertura relacionada con la seguridad social de la vejez, tanto en el aspecto institucional como familiar y comunitario.

Aunque México es todavía un país joven, tiende a reducirse la proporción de la población menor de 15 años, por lo cual en el país se inicia un proceso de envejecimiento. Para el 2000, el DF es la entidad con el menor porcentaje de población en el grupo de edad de 0 a 14 años (26.1 por ciento), le siguen en importancia Nuevo León con el 29.7 por ciento, Baja California con el 30.4 por ciento y Colima con el 30.9 por ciento. Todas estas entidades se encontraban por abajo del nivel nacional que es del 33.4 por ciento.

De acuerdo a la tendencia histórica del DF en su estructura por edad, en el 2000 la población capitalina la podemos considerar como población madura, debido a que el 66.6 por ciento de su población tiene entre 15 y 64 años, mientras el 26.1 por ciento es menor de 15 años. Para 1980 los menores de 15 años representaban el 37.0 por ciento del total de la población de la entidad; y veinte años después su porcentaje como grupo disminuyó casi 11 puntos porcentuales. (ver cuadro núm. B 2.2)

El análisis por sexo, para el 2000 el 13.2 por ciento del total de la población son hombres menores de 15 años y el 12.9 por ciento son mujeres de la misma edad. Por otro lado, el grupo de 15 a 64 años, que en 1980 representaba el 59.0 por ciento, para el 2000 aumentó en 7.6 puntos porcentuales, el porcentaje de las mujeres en este grupo es mayor al de los hombres, el 31.4 por ciento de su población son hombres y el 35.2 por ciento son mujeres; por su parte, el grupo de 65 años y más su participación es del 5.8, de los cuales el 2.3 por ciento son hombres y el 3.5 son mujeres. Lo anterior ha incidido para que la edad mediana de los habitantes del DF se haya incrementado entre 1980 y el 2000, ya que mientras en 1980 era de 18 años, para el 2000 se incrementa a 27; es decir, en la actualidad en promedio el 50 por ciento de la población tiene más de veintisiete años.

Analizando los diversos grupos de edad en las delegaciones del DF, vemos que su presencia es diferencial. En el 2000, en varias delegaciones periféricas (Milpa Alta, Tláhuac, Cuajimalpa de Morelos, Iztapalapa, y Xochimilco) se observa una mayor presencia del grupo de edad más joven, específicamente la comprendida entre los 0 a 14 años. Por su parte, la presencia de este grupo de edad es menos relevante en el mismo periodo en tres de las cuatro delegaciones céntricas (Benito Juárez, Miguel Hidalgo y Cuauhtémoc). Este aspecto está en estrecha relación con la edad mediana, debido a que las delegaciones con una mayor proporción de población joven, son precisamente las mismas con la edad mediana menor, la cual oscila entre 23 y 25 años. Así mismo, las demarcaciones con una población más envejecida presentan una edad mediana mayor, 33 años para Benito Juárez, 30 para Miguel Hidalgo, y 29 para Cuauhtémoc. La diferencia entre la más baja y la más alta es de nueve años mayor, lo cual hace una diferencia cuando se traduce en necesidades de servicios y otros aspectos socioeconómicos. (ver cuadro núm. B 2.3 y mapa 4)

Por lo que respecta al grupo de 15 a 64 años, la participación de este rango se incrementó en cada una de las delegaciones entre 1980 y el 2000, aunque en menor medida en las delegaciones céntricas. Es importante señalar que se está hablando de un incremento en el grupo de habitantes en donde se incluye la mayoría de la población económicamente activa, esto implica una mayor demanda de empleo, vivienda y servicios. En este sentido, se deben reforzar y orientar acciones de planeación para mejorar y ampliar la estructura económica y social de esta ciudad, así como incidir en una mayor capacitación dirigida a este grupo de edad.

Las delegaciones céntricas (Benito Juárez, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza), se caracterizan por concentrar los porcentajes más altos de población envejecida de 65 años y más. Entre 1980 y el 2000, este grupo incremento su participación en la zona. Lo anterior permite identificar a la ciudad central como la principal receptora de políticas de desarrollo social dirigidas a la población adulta.
Si comparamos en el 2000, la delegación con una mayor proporción de su población envejecida (65 años y más) respecto a aquella cuya proporción es menor, el resultado es Benito Juárez y Tláhuac: por cada habitante que residía en Tláhuac, cuya edad era mayor de 65 años, en Benito Juárez residían 4. Lo anterior indica diferencias importantes en la estructura por edad de las delegaciones céntricas y periféricas; sin embargo, parece ser que algunas demarcaciones periféricas experimenten un cambio en su estructura de edad y contengan a futuro un perfil similar al mostrado por las delegaciones más envejecidas (céntricas), por lo tanto el DF, acentuará el envejecimiento de su población. (gráfica B 2.1)

El cambio observado en la composición por edad de población permite al gobierno consolidar avances en la política social, por ejemplo, en educación y salud; pero también significa nuevos retos en materia de creación de empleos y de atención a la población adulta mayor, la cual se esta atendiendo mediante un programa de apoyo a la salud y alimentación.

3. Distribución y densidad de la población
a.
Distribución delegacional

En 1950, las delegaciones céntricas (Benito Juárez, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza), individualmente concentraban el mayor número de habitantes, destacando Cuauhtémoc, con el 34.5 por ciento de la población total de la capital.

De manera conjunta, las cuatro delegaciones llegaron a concentrar el 73.3 por ciento de la población total de la ciudad, lo cual significó que 7 de cada 10 habitantes de la entidad residían en alguna de esas jurisdicciones. En este año, las delegaciones periféricas de Azcapotzalco, Gustavo A. Madero y Álvaro Obregón conjuntamente reunían un 15.9 por ciento de la población total. En estas delegaciones vivían únicamente 2 de cada 10 habitantes del DF. Lo anterior muestra una preeminencia de las delegaciones céntricas con respecto a las periféricas.

A partir de 1960 la zona central de la ciudad ha venido experimentando pérdida de importancia en población, al comparar la participación de la población de la zona central, con la población total del DF, se observa que se reduce de 58.1 por ciento en 1960 a menos del 20 por ciento en el 2000, con el consecuente despoblamiento y cambio del uso de suelo en esta zona.

En 1970 se mantiene el cambio importante en la redistribución de la población, las delegaciones céntricas siguen disminuyendo su importancia como principales concentradoras de población. En este año, en el núcleo central se asienta sólo el 42.2 por ciento de la población total de la entidad, lo cual representa un decremento del 31.1 por ciento con respecto a 1950; incluso, de las cuatro delegaciones de la zona céntrica, dos de ellas experimentan tasas negativas de crecimiento: Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo.

En contraste, las delegaciones periféricas van adquiriendo mayor importancia como concentradoras de población; a las que en 1950 concentraban más población: Azcapotzalco, Gustavo A. Madero y Álvaro Obregón, en 1970 se unen a esta dinámica demográfica dos más; Iztacalco e Iztapalapa, esta última se destacó en los años siguientes por concentrar la mayor población en la ciudad. Efectivamente, en 1990 en dicha delegación vivía el 18.1 por ciento de los 8'235,744 habitantes de la entidad, es decir, cerca de 2 de cada 10 capitalinos vivían en esta jurisdicción. Paralelamente al carácter concentrador de Iztapalapa, se observa un evidente proceso de consolidación de la expulsión de población en las delegaciones céntricas, hecho que, como hemos mencionado, desde 20 años atrás se empezaba a experimentar. Para 1990, tan sólo un poco más de 2 de cada 10 habitantes de la entidad vivían en alguna de las delegaciones centrales, cifra que en comparación a las 7 de cada 10 personas para 1950, es un cambio significativo.

Un elemento que caracteriza el comportamiento de la distribución entre 1980-1995, se presenta en las delegaciones periféricas de Azcapotzalco, Gustavo A. Madero e Iztacalco, en las cuales se inicia el despoblamiento, es decir, a partir de este período entran a la dinámica de pérdida de población, al igual que las delegaciones céntricas. Por otro lado, también se observa un incremento demográfico en otras delegaciones periféricas, caracterizado por comprender los mayores niveles de ocupación dedicada a actividades agrícolas, tales como: Cuajimalpa de Morelos, Milpa Alta, Tláhuac, Tlalpan y Xochimilco, cuyas tasas de crecimiento fueron las más elevadas con respecto al resto de las delegaciones, en este período. (ver mapa 1 )

La consolidación de la redistribución geográfica poblacional en el DF, es resultado, entre otros aspectos, de la saturación de las áreas físicas, los cambios en el uso del suelo en las delegaciones céntricas, así como de la incorporación de nuevas tierras (de las delegaciones periféricas) al proceso de urbanización.

b. Densidad

La densidad de población (habitante por kilómetro cuadrado) de las diferentes delegaciones del DF expresa los niveles de complejidad y de heterogeneidad intraurbana, generados por el proceso de desarrollo urbano. De acuerdo a los censos la densidad del DF ha cambiado de 2,035 en 1950 a 5,891 hab/Km 2 en 1980, año en que registro su máximo valor. En 1990 se registró un valor de 5,494 hab/Km 2 . El DF es la entidad federativa con la densidad más alta a nivel nacional. En los 1,499 Km 2 de su superficie, en el 2000, residían 8'605,239 habitantes. Esto significa que en promedio se asientan 5,737 hab/Km 2 en esta entidad.

Cuando se analiza la densidad por delegación, existen jurisdicciones en donde esta cifra es casi 2 veces mayor a la del promedio del DF, tal es el caso de Iztacalco, en donde en un Km 2 residen 17,884 habitantes; le siguen en orden de importancia las delegaciones Cuauhtémoc e Iztapalapa, con 16,133 y 15,693 hab./Km 2 respectivamente. (ver mapa 2)

La historia de la densidad en el DF, señala a Cuauhtémoc como la principal concentradora de habitantes por kilómetro cuadrado. En 1960, en esta delegación se reunían 33,517 hab./Km 2 , representando la densidad más alta en esta entidad, lugar que ocupó hasta 1980 cuando se registró 25,468 hab/Km 2 . En el 2000 disminuyó a 16,133. (ver cuadro B 3.1)

Por otro lado, Milpa Alta, Tlalpan y Cuajimalpa de Morelos concentran menos población por Km 2 , con 336, 1,871 y 2,130, respectivamente para el año 2000. La comparación de las densidades entre las delegaciones centrales y las periféricas, nos proporciona la evidencia que el crecimiento periférico ha sido de manera extensiva.

Al agregar los datos de crecimiento poblacional y los de densidad, se observó que las delegaciones centrales que registraban un menor ritmo de crecimiento demográfico, eran aquellas con una elevada densidad de habitantes por kilómetro cuadrado y, por el contrario, las de baja densidad poblacional, eran las periféricas, que presentaban un mayor crecimiento en su población. (ver mapa 2 y 3)

4. Población y desarrollo
a.
Vivienda

La vivienda se ha considerado tradicionalmente como un factor del bienestar social y como un indicador de desarrollo económico. En el DF entre 1990 y el 2000 el parque habitacional se incrementó de 1'798,067 a 2’131,410 respectivamente. Si a este incremento se le adiciona el hecho de que la población en esta entidad no siguió creciendo como lo venía haciendo, ello significó un descenso en el número promedio de ocupantes por vivienda de 4.6 a 4.0.
En algunas delegaciones, entre 1990 y el 2000 el número de viviendas particulares disminuyó, como fue el caso de Cuauhtémoc, y Miguel Hidalgo, con una tasa de crecimiento negativa de (-0.6) y (-0.3) respectivamente. Es importante señalar que las delegaciones expuestas al proceso de cambios de uso de suelo de habitacional a comercial y de servicios, son las expulsoras de población y como consecuencia fueron las que más viviendas perdieron, aspecto notorio en las delegaciones céntricas.

Existe otro grupo de delegaciones en donde se observó un aumento del número de viviendas y de ocupantes, como Tláhuac, Milpa Alta, Xochimilco, Cuajimalpa de Morelos, Iztapalapa, y Tlalpan. De ellas destacó Tláhuac, la cual de 39,359 viviendas ascendió a 70,473, con un ritmo de crecimiento de sus viviendas del 6.0 por ciento.

En lo referente al promedio de ocupantes por vivienda, en 1990 destacaban Tláhuac y Milpa Alta, con un promedio de 5.2 ocupantes por vivienda; Cuajimalpa de Morelos y Xochimilco con 5.1. Aunque en el 2000 disminuyó el promedio de ocupantes en todas las jurisdicciones. Sin embargo, los promedios más altos son para: Milpa Alta 4.5; Cuajimalpa de Morelos y Xochimilco con 4.4 y Tláhuac e Iztapalapa con 4.3. Por su parte, las delegaciones céntricas en ambos períodos fueron las que registraron el menor número promedio de ocupantes por vivienda. En el 2000 estos fueron de 3.1 para Benito Juárez, 3.4 para Cuauhtémoc y 3.6 para Miguel Hidalgo. Comparando la delegación que en este último año representó el menor promedio de habitantes por vivienda (Benito Juárez) con aquella cuyo promedio fue mayor (Milpa Alta), observamos una diferencia de 1.4 ocupantes por vivienda, lo cual parece ser que en la periferia de la ciudad existe mayor grado de hacinamiento. (ver cuadro núm. B 4.1)

Los altos promedios de ocupantes por vivienda, relacionados estrechamente con el hacinamiento, son consecuencia de muchas y variadas causas, como las de tipo económico y las de carácter social y cultural. Sin embargo, es de suma importancia que adicionalmente a las necesidades de habitación existente, se considere la demanda que surgirá en los próximos años, como resultado de la población en edad de contraer matrimonio y formar un hogar independiente. Ello hace impostergables programas dirigidos a construir de vivienda de interés social y de educación en población para promover cambios de actitud en el comportamiento reproductivo.

Entre la ubicación de las viviendas y la distribución de la población existe una estrecha correlación. En el 2000 de las 21'942,535 viviendas en el país, el 13.2 por ciento de ellas se encontraban en el Estado de México, el 9.7 por ciento en el DF y el 7.3 por ciento en Veracruz, mismas entidades que presentaron los mayores porcentajes de población para ese mismo año, el 13.4 por ciento el Estado de México, 8.8 por ciento el DF y 7.1 por ciento Veracruz. Este mismo aspecto se concentró al interior de la capital, en donde del total de viviendas de la entidad, el 33.1 por ciento se concentró en Gustavo A. Madero e Iztapalapa.

Este mismo comportamiento se observó en lo referente a la población, ya que las mayores concentraciones de habitantes de la entidad fueron en estas delegaciones, representando conjuntamente un 35.0 por ciento. Por otro lado, Cuajimalpa de Morelos y Milpa Alta con tan sólo el 2.6 por ciento de las viviendas del total, aglutinan al 2.9 por ciento de la población de la entidad.

Analizando la vivienda de acuerdo al tipo de tenencia, encontramos en el 2000 que un 20.3 por ciento del total de viviendas particulares habitadas eran de arrendamiento. Al comparar estas viviendas con las de propiedad privada, se encuentra una relación de 3.5 viviendas propias por cada vivienda rentada. Esta proporción nos da un indicador para que el gobierno de la ciudad proponga incentivos fiscales en la construcción de vivienda en renta y con esto reducir los déficits existentes. En las viviendas rentadas se alojaban 17.2 por ciento del total de los habitantes del DF; mientras que en vivienda propia residía el 72.7 por ciento de los habitantes.

En el 2000 la vivienda en arrendamiento representaba el 28.9 por ciento de casas solas y 42.4 por ciento de departamentos en edificio. Destacan por el número de viviendas con esta tendencia las delegaciones céntricas Benito Juárez, Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc y Venustiano Carranza. En conjunto concentran el 23.7 por ciento del total de viviendas rentadas en la ciudad, las que están comprendidas fundamentalmente por departamentos en edificio.


 


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